¿Hablando con el pecho en la fría ciudad? ¡Que iluso! Todos hacen eso vanamente, parece que no hubiesen respirado el humo de la avenida, ni hubiesen sentido el pesado semblante del hambre.
Te diré porque fracasas. Mis alas vibran ensordecedoras solo al rojo cielo que siempre corresponde.
Solo preciso de la más sutil brisa, para ensanchar mi tronco, que se mena en torno de sus ojos dormidos, apretando con las raices los útiles recuerdos.
Los pastos se desvelan en mi búsqueda sin ser vistos, mi nombre y mi cena son los mismos... Embriagado está el monte en si mismo. Y que osado eres al querer participar en su orquesta con la cabeza llena del ruido citadino ocultando el paisaje que aplaude a destiempo tras una tela de problemas que sè no mereces. La carga va en el desprecio de tus uñas desgarrando el suelo. Debajo de ellas un lago de lágrimas se pudre por la quietud y la inconsciencia, ese mugre verde que te queda también sabe agitar la sangre.
Si me miras como el sol lo hace, mi sombra estallará su centro en llamas tratando de devolverte el odio de la forma más adecuada que encuentre.
El cielo hoy me está escupiendo y la tierra me está aplastando quiere que me una a ella y resbale una lagrima en el pavimento, para exponer el fuego que soy por dentro.
Escribía el Tiempo con extrema lentitud la historia. Acomodando todo dentro de una sola palabra, Meticuloso con las márgenes, nadie veía lo que en la noche sus parpados hacían. Tan rebelde era el fruto que su alma proponía, tan inquietas y ciegas eran sus pieles ...
"Nada cabe dentro de si mismo" se dijo una noche, y suspiró el sombrío semblante, el dolor que sentía a diario, las tristes notas de un piano... "Pero la belleza brilla en esta idea y también lo hace el impulso que sostengo al ahogarme en sueños sin un cuerpo para viajar y viajar por las miradas... Para ser enterrado con la última de ellas." Con estridencia irrumpió en su boca una luz doliendo perfección, rasgó el duro ámbar que hace rato llevaba cayendo contra las rocas de su cascada. Como el viento en la sangre se hizo soluble en el albor. Estiró el llanto y la risa dentro de sí; y mantuvo amor con el polvo que inmortal lo hacía.
Caminando va por las paredes, bien vestido como es costumbre, creando espaldas a su paso, moviendo objetos que a otro pertenecen.
Acorrala con su elegancia las luces de la calle, pero estás frías se portan. y humillándolas un poco apenas, las abraza, porque sabe que han de brillar.
Solo aquel otro las recibe ¡Gordo y viejo! por el techo viene a caminar, caprichoso fueel vestido en su movida, y él viene a poner lo suyo en debido lugar.
Llora un poco al ver los focos trastornados ante él sonrojado se hincha y en completa desnudez duerme sobre el monte mojado imaginando morir otra vez.
Barbado, él estuvo aquí siempre, todo brilla y nace para él, todo es suyo y nada mueve, ¡Admirar! !Admirar es su menester!